martes, 9 de septiembre de 2008

De libros y agua

Cada libro que se pierde es una vela que se apaga,
y la oscuridad gana terreno y también la ignorancia.

Hoy fue un día surreal, y el Ursus y yo tuvimos que lidiar con esas terribles sorpresas que te depara el destino cuando menos te lo esperas. Una tubería explotó y el agua que corría antes por ella, por pura gravedad empezó a llover sobre la colección de libros de mi hermano mayor. Para mí, que nací y he crecido rodeada de libros siempre, el escenario de catástrofe me abrumó. Esos libros son la presencia física que aún tengo de mi hermano. Su abigarramiento, la calidad y cantidad infinita de temas encerrados entre esas cubiertas, la sorpresa segura al revisar los títulos de cada estante, no puedo creer que casi los perdemos. No lo hubiera resistido. Y está mal aferrarse a las cosas, lo sé, pero los libros son entes diferentes. Llevan en su interior palabras que muy probablemente nos sobrevivirán, y que, una vez en las manos correctas, se convierten en mágicos canales para llevar a través de geografías y tiempos inmensos ideas, mensajes, reflexiones; para volvernos más humanos.


¡Qué terrible debió ser el incendio de la biblioteca de Alejandría! y cuánto le costó a la humanidad recuperar todo ese saber perdido; menos mal, y gracias a un extenuante trabajo conjunto, pudimos retirar los libros y los estantes, organizarlos de alguna forma y darles primeros auxilios a los documentos que se vieron afectados por el agua. A excepción de una veintena de documentos que proseguirán su vida con claras marcas de humedad o agua, la gran mayoría logró salir indemne de la inundación. Gané algunos títulos de diseño que no sabía que existían en esa colección y tuve la posibilidad de reencontrarme de alguna manera con mi hermano a través de sus lecturas, aunque la razón haya sido tan emergente y
crítica. Espero que su día haya sido más relajado, muchos saludos.

5 comentarios:

Ludovico dijo...

Lo que es seguro, querida, es que tu hermano tenía las llaves de babel. Eso es un honor que ha pasado a tu hermano y a vos.

(Y sobre la inundación queda pendiente un rescate aereo)

Suerte con la inundación! :)

Byron dijo...

Perder un libro si es un verdadero desastre y aunque suene duro, la verdad es que solo deben prestarse cuando tengas la seguridad de que quien los va a tener los aprecia tanto como uno. Suerte con la inundación y de seguro Ursus también habrá estado con el alma en vilo. Saludos.

LA Gaby dijo...

Que horrible sensacion. Te entiendo, en la casa de mi Pa se reventò tambien una tuberia y llovía adentro. Se mojaron sus libros... de más valor sentimental que economico.. lloro. Y lo entiendo.

Palulo dijo...

:-o pero que sustote! Espero no vuelva a pasar!
Saludos.

Ursus Andinus dijo...

Me dolió la inundación, sufrí por lo que podía perderse, me alegré de poder salvar,... pero el dolor de hombros y espalda no me los quita nadie...

Logramos salvar los libros, perdimos el orden, pero de cierta forma redescubrimos al ñaño,... y mantengo mi idea de que tengo 6 años pa igualarme en lecturas.... JUAS

Un abrazo