viernes, 19 de febrero de 2010

Útiles y no tan útiles cosas que aprendí en este Huaira

Este año una vez más pasé el feriado de carnaval de la única manera que se me ocurre: en estado alpha y en la carretera. Bueno, más bien la aventura aparece cuando te separas de las vías principales y tomas un camino vecinal. Ahí cambia todo: el ambiente, los tiempos y los paisajes.

Esta vez corroboré que los paisajes que más me gustan son los de las estribaciones andinas, porque en sus desniveles de cientos de tonos de verde y azul mis pensamientos se pierden y viajan tranquilos e incansables. Y vaya si necesitaba pensar...

Cuando a esos retazos de lienzo que pasan fugaces por tu ventana les añades buena música de fondo ya el viaje, la movilización y las incomodidades están más que pagados. Pero si además tienes la posibilidad de conversar de lo que sea con un amigo, entonces sí es un privilegio.

Como es un privilegio el silencio, ese silencio que en la ciudad nunca llega, que se ahoga entre ronroneo de autos y parafernalia urbana. El silencio de la naturaleza, plagado de sonidos a los que casi nunca prestas atención. Un silencio que te acompaña y te permite pensar.

Me llenan de fe esos actos genuinos y desinteresados de gente que no te conoce, que sin más te invita a tomar una agüita en su casa. Que quiere conversar contigo y que esta ávida de comunicarse. De gente capaz de alimentarte a la media noche sin cuasi conocerte. Simplemente hermoso; el mejor condimento, la buena voluntad y su hospitalidad.

Aprendí que si quieres darle una textura distinta al relleno de las empanadas de viento le puedes añadir arroz cocido al queso, como lo hacen en Urcuquí.

Y ahora sé que carnaval es época de choclos en el norte y que los campos de Imbabura lucen las flores de los pencos (ágabes, cabuyas, etc) como separaciones vivas entre terrenos.

Sé que mucha de la fuerza que me sostuvo durante la travesía viene de la gente que me quiere y que estuvo pendiente todo el tiempo de nosotros. La inmediatez de las telecomunicaciones me permitió recibir esa energía. Gracias por estar pendientes.

Aprendí eso y mucho más, recordé muchas más cosas y corroboré otras. Vuelvo al día a día con ganas de carretera y de viajes con la gente que quiero. Y por supuesto, a por la misma dosis el próximo año.



¡¡Gracias equipo por esta magnífica experiencia!!

6 comentarios:

Julio dijo...

Me gustó mucho esta entrada a tu blog, que por casualidad y navegando encontré. Yo también en Carnaval hice una travesía similar, partí de Quito con rumbo a Zuleta vía Olmedo, lindos paisajes pero decepción el saber que a la antigua y recordada hacienda de Galo Plaza Lasso ya no hay como entrar a menos que tengas "reservación" y 500 dólares por una noche. Ahí quedó la aventura a Zuleta sin siquiera poder comprar uno de sus famosísimos quesos, la nota jocosa: "Puede comprar en el Supermaxi de Ibarra"... ya los compro en el de Quito. Más bien tomé para San Pablo en otro camino lleno del Taita Imbabura y con final en el Lago San Pablo.

Saludos y felicitaciones

Efren (a.k.a. Ludovico) dijo...

Igualitas vos y Corsalas!

Nati dijo...

De ley, se parecen mucho, jeje. Me alegra mucho que se llevaran esa gran experiencia.
¡Un abrazo!

Nita- dijo...

Y es que experiencias como la que tuviste, te ayuda a crecer, aprendes, sientes, deseas, eres.

Me alegro que a pesar de todo lo que atravesaron, has podido sacar tan buenos recuerdos.

Gabby dijo...

Ñaña mia tiene que ser Guerrero! ;)

Hasta ahora no encuentro las palabras justas para describir lo que viví en el Huaira, espero pronto encontrarlas y plasmaras en un posto.

Los quiero Vela!

Ursus Andinus dijo...

Gracias...

Encontramos cosas my similares en este Huaira.
Y sin ustedes era imposible ese 6to lugar.

Gracias, el próximo año a por el podio ;)

Un abrazote y a hacer otro road trip, a la tranquilidad de Pantaví.